La hélice es el elemento propulsor del buque. Está formada por un conjunto de piezas concéntricas a un eje el cual al girar hace que las palas se muevan. El eje debe tener una inclinación de entre 7º y 15º con relación al motor que lo mueve en el interior del buque, denominándose bocina al orificio de entrada. El capacete o tapa, es una mecha cónica de forma hidrodinámica cuya función es la de disminuir la resistencia a la marcha facilitando la salida de agua sin provocar turbulencias, a su vez cierra la cara de popa del núcleo evitando la entrada de agua.
Pueden estar formadas por dos o más palas, las cuales van fijadas al núcleo con la inclinación deseada en función del tipo de hélice.

Una característica importante de las hélices es su paso que se define como lo que avanzaría “teóricamente” al dar una vuelta, pero al girar en un medio líquido se produce un resbalamiento y el barco no avanza el paso teórico, denominándose a esa pérdida de avance retroceso.
Existen varios tipos de hélices de entre las que caben destacar, las de velocidad: giran a muchas revoluciones cuyas características son de mucho paso y poco diámetro (fuera bordas) y las de arrastre: las usadas en barcos pesados y de poca velocidad y mucho desplazamiento (mercantes) siendo sus características poco paso y mucho diámetro.
Existe un fenómeno de pérdida de velocidad y fuerte vibración, denominado cavitación, producido en una embarcación, debido al vacío o cavidad que forma la hélice cuando gira demasiado rápido. La hélice aspira más agua que la que el desplazamiento del barco le proporciona, de manera que se mueve en un medio menos denso que el agua (agua + aire); como consecuencia se revoluciona en demasía y transmite vibraciones y ruidos anormales.
